El escritor súper ventas Mikel Santiago (Portugalete, Vizcaya, 1975) es uno de los principales reclamos de Lit·Eulària, un encuentro literario que se celebra hoy viernes y mañana sábado en el Teatro España de Santa Eulària. Santiago estará mañana a las 19:30 horas presentando su libro Cuando llega la noche, acompañado del autor ibicenco Toni Montserrat. Su novela La última noche en Tremore Beach ha vendido miles y miles de copias, ha sido traducida en todo el mundo y se ha hecho una adaptación en Netflix protagonizada por Javier Rey y que, ¡sorpresa!, podría haberse rodado en Ibiza, tal y como recuerda en conversación con Noudiari.

Mikel Santiago es uno de esos casos en los que una carrera literaria comienza autopublicando sus propios e-books en internet y, después de lograr un éxito internacional rotundo por esta vía, continúa en las librerías y canales tradicionales vendiendo decenas de miles de ejemplares.
Tremore Beach (2014), El mal camino (2015), El extraño verano de Tom Harvey (2017), La isla de las últimas voces (2018), y la trilogía de Illumbe (2020-2022) todas ellas publicadas en Ediciones B han escalado hasta los primeros puestos en las listas de best sellers en España.
¿Conoce Ibiza o va a ser la primera vez en la isla?
Tengo que confesar que es que es la primera vez que voy a Ibiza. Soy muy fan de las Balears: he estado en Menorca, donde tengo muchos amigos, y en Mallorca he estado con mi familia, pero en Ibiza no he estado nunca. Voy por primera vez y estoy muy ilusionado.
La serie de Netflix La última noche del Tremor basada en su libro estuvo a punto de rodarse en Ibiza o al menos se barajó la localización pero, finalmente, se hizo en Asturias. ¿Nos puede contar algo sobre esto?
Sí, en efecto, el proyecto de la serie tuvo muchos desarrollos y uno de ellos era en Ibiza. Suponía cambiar un poco el tono de la historia a algo más luminoso y cambiar la profesión del protagonista: de compositor de bandas sonoras a compositor de música electrónica, entre otros ajustes…. Al final se fue para Asturias, que es más natural para la historia. Pero no descartamos volver a Ibiza para un thriller.
¿Entonces podría ser Ibiza una futura localización para una de sus historias?
Pues mi tercera novela, que es El extraño verano de Tom Harvey sucede en la costa amalfitana y, en alguna productora que la ha barajado, se ha hablado de traerla a España: a las Baleares o a Canarias como lugar idílico, bucólico, luminoso y donde hay una esfera sofisticada de personajes y también su gente isleña. Y ese lugar, en mi imaginación, es Ibiza: contiene todos los ingredientes para una de mis tramas. Esa especie de sociedad múltiple donde hay muchas personas de paso, gente muy rica y también la gente más normal de a pie, como yo. De ese contraste pueden surgir muchas situaciones. Yo creo que en Ibiza pueden pasar muchas cosas misteriosas e intrigantes.
Desde Vicente Valero a Toni Montserrat, pasando por Helena Tur o Ben Clark, Ibiza es y ha sido un terreno fértil de escritoras y escritores que han salido fuera de las fronteras de la isla. ¿Conoce a algún autor de Ibiza?
Conozco a Helena Tur, con la que coincidí en Madrid, y a Toni Montserrat y Ben Clark. Y este sábado tengo muchas ganas de zambullirme en el ambiente literario de la isla y tomarme unas cañas con Helena y Toni después del evento.
Sus novelas tienen un sello muy cinematográfico y envolvente. ¿Cómo logra ese ritmo tan adictivo en su escritura? ¿Ha sido aprendiendo de maestros, con muchas lecturas, o es algo que un escritor tiene o no tiene?
Tienes que tener mucha imaginación, casi un exceso de fantasía, una facilidad para las palabras… Yo ahora que tengo hijas pequeñas distingo que realmente hay en ellas diferentes orientaciones y que eso se ve desde niño… Pero después sí que es un camino de labranza, de trabajar, leer mucho y tener mucha curiosidad. Siempre digo que la curiosidad es casi el elemento principal en todo, en la ciencia, en el arte… La formación, en el caso la de un escritor, es no reglada siempre, porque no existe la universidad ni la facultad de los escritores. Están las bibliotecas, están los libros, están los clásicos, como bien dices. Y en trabajar muchísimo, escribir mucho. Estoy escribiendo una novela y he tenido dos intentonas previas que las he terminado archivando. No me sirven como texto final pero me han servido para pensar. En resumen: curiosidad, don para la palabra y bastante cabezonería.

El thriller y el suspense son géneros que dominan su bibliografía. ¿Qué le atrae de ellos?
El thriller y el suspense son el vehículo en el que yo invito a mis lectores a que se suban. Generar ansiedad, curiosidad, ganas de saber qué va a ocurrir les lleva a viajar a través de cosas, de paisajes, de personas, de historias… Agatha Christie mataba a alguien en las primeras ocho páginas y el resto de la novela se la pasaba contándote la vida de la gente. El thriller y el suspense son vehículos en los que los lectores se suben y se sienten cómodos. Me atrae el misterio, me atrae ese lado oscuro de la existencia, el asesinato, la muerte, lo escabroso, pero, al mismo tiempo, es una buena excusa para contar otras cosas.
Le definen como maestro de la novela negra ‘euskandinava’. ¿Le hace gracia ese nuevo género?
Bueno, esto de la novela euskandinava lo inventó mi colega Ibón Martín, o por lo menos lo hizo famoso. Hay una especie de atractivo en esos paisajes imaginarios. Y digo imaginarios porque hay mucha gente de Ibiza, de Sevilla, de muchas partes de España que tal vez no ha estado nunca, pero se imagina los bosques, los valles, la bruma… que, por otra parte, es totalmente cierto. Hay una especie de cosmos en la imaginación del país respecto a lo que hay aquí. Y nos ha venido bien, nos ha servido como unas credenciales para llegar a más lectores. Cuando lees a los nórdicos sabes que hay promesas que se van a cumplir: viajar a esos paisajes helados, a esos pueblos aislados, y es un aliciente más a la hora de encontrar lectores. Lo mismo ha pasado con esta literatura.
¿Cree que hay un género actual de novela negra nacional, o, en todo caso, que hay un sello propio de los autores y autoras nacionales o, al final, se bebe de corrientes más internacionales como la nórdica que cita?
Hasta hace cuatro días ibas a un aeropuerto y los libros para echar el rato en el avión venían firmados por autores ingleses, norteamericanos o nórdicos. Pero ahora, si vas a una tienda de aeropuerto, casi todos somos de aquí. Está ocurriendo lo mismo con las series y en las plataformas: hay una grandísima curiosidad y atracción por lo que se produce aquí. ¿Razones? Primero, cada vez se hace mejor. La calidad empieza a igualar, incluso a superar, a producciones de otras partes, con lo cual la industria se beneficia de ello. Otro tema es que, a veces, a una editorial le sale más barato comprar un libro a un autor local que traducir un éxito internacional. Además, contrariamente a lo que pudiera parecer, se está volviendo un mundo más local. Cada vez se lleva más el autoconsumo de los autores nacionales de cada sitio. Pero yo creo que, sobre todo en España, se debe a una madurez. Nos hemos convertido en artistas maduros que instalamos nuestras tramas y nuestras ficciones en España y la conexión con el lector de aquí es muchísimo mayor, lógicamente. Además, no hace falta decirlo, leer algo en la lengua original siempre es mil veces mejor.
En este sentido ¿cuáles son sus grandes referentes literarios? ¿Qué autores han marcado su carrera y recomendaría leer a toda costa?
Me cuesta mucho responder a esta pregunta brevemente… otra opción sería que tuviésemos toda la tarde para hablar. Creo que soy un producto de todas todas las lecturas que llevo acumuladas desde que era crío y empecé con Los cinco de Enid Blyton y con Tintín y, después, cuando era adolescente, con Stephen King y más tarde Jack London, Arthur Conan Doyle, Truman Capote, Hemingway, Patricia Highsmith, Agatha Christie. Fueron y siguen siendo lo que llamo mi lectura refugio. Vuelvo a ellos cada vez que estoy un poco perdido. Tengo en mi mesilla El palacio de la luna de Paul Auster, que estoy releyendo igual por quinta vez en mi vida. Cuando yo empecé era uno más de los que quería parecerse a Stephen King. Precisamente esta semana se ha publicado en Francia una novela gráfica en la que aparezco como uno de los herederos de Stephen King. Me ha hecho mucha ilusión y es cierto que cuando empecé era uno de mis maestros, pero, hoy por hoy, ya considero que me he alejado, que he cogido mi camino, que es lo que un escritor tiene que hacer.

Hablando de Stephen King, muchos son los que piensan que podría ganar un Nobel de literatura y otros se llevan las manos a la cabeza ante la idea, ¿es clasismo pensar en el género del terror o el thriller como menores?
Un Nobel de Literatura se lo han dado a Bob Dylan. ¿Y en qué se basa la elección? En su impacto en la literatura; en que modificó el arte tal y como se entendía hasta que llegó él. Yo creo que Stephen King lo ha hecho también. Es un genio y un hombre muy prolífico que ha trabajado muchos géneros y ha creado una escuela y muchísimos escritores que quieren ser como él, entre los que me incluyo. Quizá no le premiarías por el uso del lenguaje o por la innovación en algunos aspectos… pero yo creo que a Stephen King habría que crearle un premio para él: Un Stephen King de oro [ríe]. Es un hombre que se merece un reconocimiento mundial. Eso es lo que yo opino… como superfan, claro.
Pero con respecto al fondo de la pregunta, no es que sea clasismo, es que hay gente que está obsesionada en clasificar libros como mejores o peores en base al género. Y este es el error. Hay libros peores y hay libros mejores. Pero no se pueden clasificar en base a su género. Soy un gran fan de Tiburón, la película de Steven Spielberg, pero es un género, el de los animales asesinos, que ha sido jardín de muchas malas películas, pero eso no significa que Tiburón sea mala. Hay que clasificar los libros entre buenos y malos, pero no entre géneros buenos y malos. Eso es un error.
En la era digital y del entretenimiento rápido usted defiende la lectura como ese remanso de paz que es. ¿Cómo cree que podemos compaginar pantallas y libros, y, sobre todo, inculcar el hábito a los jóvenes?
Bueno, sí, yo soy el primero que me he enganchado al móvil. He caído como otro más, otro que pasaba por aquí, ante esta supertecnología mega guay que es el móvil. No hay que culpabilizarse ni culpabilizar. Ha ocurrido, es una cosa que ha llegado a nuestras vidas. Pero ya se está empezando a ver que esto tiene efectos negativos. Tiene un efecto negativo clarísimo: crea un mundo cognitivo poco profundo, superficial, impulsivo. Además, yo creo que las redes sociales son canales de comunicación que nos están exigiendo continuamente su atención y, encima, para generar falsísimas expectativas. Un mundo de mentira que, además, ya no lo protagonizan los ricos y los famosos, sino que lo protagoniza el vecino al lado. Yo creo que eso tiene un impacto mayor. No quiero demonizar, pero sí que es cierto que esto es como el azúcar: no hay que tomarlo en exceso y hay que controlarlo y hay que cuidarse un poco. Y me parece que, contra un hábito de consumo de contenidos tan superficial, impulsivo y ansioso como el móvil, está el libro. El libro es un hábito de profundidad, es un hábito de tranquilidad, de paz. Sea lo que sea lo que estás leyendo, estimulas la imaginación, lees historias profundas, historias complejas, historias que no siempre hablan de cosas bonitas y de buenas noticias, sino que tratan temas profundos y dolorosos, difíciles y espirituales. Y, además, el libro te lleva a la divagación, te lleva a que esa parte de atrás de tu cabeza empiece a pensar, empiece a imaginarse otras cosas. Justo todo lo contrario a lo que consiguen las pantallas. Pero ahora mismo te estoy hablando a través de una pantalla. Tienen su utilidad. No digo que haya que eliminarlas ni mucho menos pero es como la dieta: Ya sabemos a estas alturas de la vida que no podemos vivir de comer comida rápida. Pues lo mismo con los móviles. No se puede vivir de estar delante de un móvil.
¿Cree que en este país hay sobre-edición, casi más escritores que lectores?
Hay un mundo editorial que se ha adaptado a los tiempos y que se puede permitir tener muchísimas novedades. Es una fórmula de negocio que les está funcionando, porque se venden libros, pero creo que está calando también con más adolescentes lectores, principalmente chicas. Hay estudios que dicen que la lectura está renaciendo. La pandemia, curiosamente, fue uno de los momentos en los que la gente empezó a leer. Yo la verdad es que saqué un libro en plena pandemia, El mentiroso, y hasta hace unos años era lo que más había vendido. Las editoriales, en su impulso por hacer lo que ellos hacen, que son negocios y vender libros, han conseguido generar una diversidad tan grande de géneros que al final están acertando con determinadas partes de la sociedad. ¿Esto es bueno para el negocio de las editoriales? Desde luego. Es bueno que en un país haya escritores, mentes pensantes y gente que se esfuerce por conseguir un objetivo creativo, como un libro. Creo que ayuda mucho a que las sociedades sean mejores, sinceramente lo creo. Que haya artistas es un gran indicativo, además, de la salud de una sociedad. Los lectores también están creciendo y espero que lleguemos a alcanzar los niveles de lectura que hay en Europa, en países como Alemania o Francia, donde realmente se lee mucho. Yo creo que España puede conseguirlo, está en el buen camino y confío en que ocurra.