“A partir de ahora apagaremos más el móvil y encenderemos los sentidos”. Es la frase final de ‘Apaga’m que m’encenc’, una obra de teatro musical familiar protagonizada por Helena de Luis (en el papel de madre) y Rebeca Artal-Dato (como hija), y dirigida por Rosa Juan Devesa. Durante estos días, cientos de alumnos de 5.º y 6.º de Primaria de los colegios CEIP Venda d’Arabí, CEIP Santa Gertrudis, CEIP Santa Eulària, CEIP Sant Ciriac, CEIP Sant Carles, CEIP Jesús, CEIP Puig d’en Valls y CEIP S’Olivera han pasado por las butacas del Teatro España y el Centro Cultural de Jesús para disfrutar de una función sin pantallas, sin interrupciones y que invita a reflexionar sobre el uso excesivo del teléfono móvil.
En escena no hay proyecciones. El móvil es una carcasa de color flúor. El ordenador, otra. La elección no es casual: “No podía tirarme piedras sobre mi propio tejado hablando de los peligros de las pantallas mientras uso una en escena”, explica Rosa J. Devesa. “El reto fue crear un internet analógico. Usamos luz, sonido y vestuario que cambia de color para transformar el espacio y que los niños sientan que están entrando en otro mundo”, continúa. Y lo sienten.
La directora, dramaturga y productora de la obra tenía clara la necesidad de abordar esta temática: “Queríamos concienciar y poner el foco en algo que está ocurriendo en todas las casas: les pedimos a los niños que dejen el móvil, pero nosotros somos los primeros que no lo soltamos. Sin darnos cuenta, somos su ejemplo”, lamenta J. Devesa.
La obra señala con claridad algunos de los peligros más importantes que derivan del uso del móvil: la falta de concentración. La madre, que intenta escribir cuentos infantiles, interrumpe constantemente su trabajo por llamadas, notificaciones y mensajes que desvían su atención, un patrón de distracción que afecta tanto a niños como a adultos, en casa, en el colegio o en el trabajo.

Cientos de alumnos de 5º y 6º de Primaria han disfrutado de la obra ‘Apaga’m que m’encenc’ durante estos días.
“El móvil provoca una gran pérdida de atención y afecta al desarrollo cognitivo. Los alumnos no pueden centrarse en tareas simples porque están acostumbrados a estímulos constantes”, destaca Fanny Alonso, educadora social de los Servicios Sociales del Ayuntamiento de Santa Eulària. Desde el área de Bienestar Social llevan tiempo combatiendo esta problemática a través de talleres con familias, charlas con expertos y trabajo comunitario en los centros escolares, con el objetivo de «concienciar sobre el uso saludable de las pantallas». “Creíamos que ahora era el momento de dirigirnos directamente a la infancia, y el teatro es una herramienta poderosa para hacer llegar el mensaje de forma lúdica y efectiva”, añade.
Hayat El Kammouni también comparte esta preocupación. Como orientadora del CEIP Santa Eulària, alerta sobre la «edad cada vez más temprana en la que los menores acceden al teléfono móvil». “Antes lo veíamos en adolescentes, pero ahora ya hay niños de 9 años con móviles propios, sin filtros ni supervisión, accediendo a contenidos que no entienden y que no les corresponden”, señala. “Hablan de redes sociales, de productos de belleza que no son propios de su edad [refiriéndose, por ejemplo, a la moda de vídeos de skincare (cuidado facial) que inundan las redes sociales], de música sexualizada o relaciones idealizadas, y lo hacen con un lenguaje y unos códigos que claramente han absorbido del entorno digital», subraya preocupada mientras advierte del peligro de que los niños y niñas lleguen a «vivir dentro de las redes y desconecten del mundo real”.
Con música en directo, juegos y momentos llenos de humor, la obra transcurre entre escenas familiares que retratan situaciones cotidianas: la ansiedad —casi adictiva— por utilizar el teléfono móvil, momentos de juego en familia interrumpidos por llamadas y notificaciones constantes, el intento de los padres por establecer límites frente al uso de la tecnología o la ruptura de esos límites ante la insistencia de los hijos. Todo, en un lenguaje que los niños comprenden y que los adultos reconocen.
El resultado: risas, atención plena y aplausos. Al finalizar cada pase, muchos alumnos compartieron sus impresiones. La mayoría captó el mensaje de forma clara y valoró muy positivamente la obra. Algunos, como Julia o Ainaka, destacaban lo “divertida” y “realista” que había sido la historia. Otros, como León o David, reflexionaban sobre la necesidad de jugar más, hacer deporte o leer libros en lugar de pasar tantas horas frente a la pantalla. Incluso quienes ya tienen móvil reconocieron los riesgos: “Mis padres me lo han dicho muchas veces, pero verlo así te hace pensarlo más”, comentaba Alan, de 10 años. “La obra tiene razón”, añadía Ángel, de la misma edad, convencido de que todavía no necesita un teléfono, a pesar de que, a veces, se lo pida a sus padres, como el confiesa.
«Sabemos lo que ocurre, pero verlo delante de tus narices, sin pantallas, en un teatro… te conecta con la realidad de lo que está pasando”, recuerda Rosa Juan Devesa. Y eso es precisamente lo que ha conseguido. Eso, y que los jóvenes, y no tan jóvenes, asistentes «encendieran los sentidos».