Juan Bonet Cardona, tras dedicar una parte de su vida a la dirección de empresas, se echó la mochila al hombro para dedicar la otra parte a su gran pasión: viajar. Ahora se estrena como escritor con su primera novela, Amílcar, el gran navegante fenicio, que inaugura la Colección Sal de novela histórica de Melqart Editorial. La presentación será el próximo viernes 11 de abril a las 20.30 horas en Can Ventosa, donde estará acompañado por el también escritor y amigo de la infancia Javier Serapio, que es autor del prólogo. Además estará firmando libros el 23 de abril en Vila por en Sant Jordi; el 26, en Santa Eulària; el 27, en Sant Antoni y el día 1 de mayo en Sant Llorenç. Varios clubes de lectura ya están interesados y están previstas presentaciones en Canarias y en Cádiz. El autor agradece a Melqart la confianza en su primer libro y también destaca la «fantástica portada» diseñada por Ricardo Bofill. «A los lectores les invito a que asistan a la presentación, a que lean el libro y, sobre todo, a que reflexionen y piensen en el mundo fenicio, en nuestros orígenes». Divulgar esa parte de la historia de Ibiza, la fenicia, es el principal objetivo del autor, que se muestra crítico con la evolución actual de la isla.

Esta es su primera novela, ¿qué le atrajo del mundo fenicio para situar en él la historia de Amílcar?
Los que hemos crecido jugando en la Necrópolis del Puig des Molins, allá por los años 70, cuando todavía no estaba vallada, nos hemos quedado marcados por ese entorno. Además, siempre se dice que los ibicencos somos fenicios pero, ¿quiénes eran, cómo eran, qué hacían los fenicios? Sobre los fenicios sólo encuentras información en libros de arqueología y poca cosa más en libros de historia… en esto me he entretenido muchos años. Mi pasión es la historia y viajar. Durante los viajes he escrito mucho y finalmente pensé en publicar algo. Tenía varios proyectos y pensé en empezar con el primero: el tema fenicio y presentar el proyecto en Ibiza.
¿Y siendo una primera novela y estableciendo un paralelismo con la historia del navegante que la protagoniza, qué retos ha encontrado al embarcarse en este proyecto? ¿Hubo momentos de duda como en toda larga travesía?
Los retos han sido bastantes, sí. Yo leo muchísimo y mucha novela histórica. Al comenzar a escribir encontré el reto de crear una historia, una ficción. Ha sido una primera experiencia súper interesante, crear cada personaje ha sido un reto… y con el objetivo final de la divulgación de nuestros orígenes fenicios y del mundo fenicio. He querido hacerlo a través de una trama agradable de leer y que, a la vez, cuide el trasfondo fenicio: cómo se construían los barcos, cómo se navegaba, qué dioses adoraban, cómo eran los templos… y que todo eso no sea pesado. Entonces quizá el mayor reto ha sido intentar —y ya me dirán los lectores si lo he logrado— crear una novela amena y, que a la vez, consiga transmitir ese mundo fenicio desde el siglo VII y VIII aC, hasta que terminan fundando la ciudad de Ibiza.
Es muy interesante la reflexión que hace: la cultura fenicia está muy presente en Ibiza pero, al mismo tiempo, es muy desconocida. ¿Cree que se debe a que no ha dejado grandes monumentos visibles, digamos, como los romanos o los egipcios?
Pues mira, has dado en el clavo. He viajado muchísimo y no es lo mismo encontrarte unas pirámides en Egipto o en Chichén Itzá, en México, o yo que sé, ir a Palmira en Siria… Cuando estábamos trabajando el tema de la portada con Ricardo Bofill, el diseñador, al que le agradezco muchísimo el trabajo porque ha hecho una labor fantástica, le enseñaba fotos de reconstrucciones, de simulaciones, de cómo eran las ciudades de un Cartago, un Gadir (Cádiz) o Tiro en la actual Líbano y estaba muy sorprendido al ver qué murallasy qué templos se construían. Es decir, si lo viéramos, si estuvieran presentes, no tendrían nada que envidiar a una acrópolis en Atenas o a unas pirámides. Pero claro, no ha quedado nada. Las murallas de Ibiza son del siglo XVI pero las primeras murallas que defendieron Dalt Vila son fenicias. Pero no queda nada y es difícil conocer una civilización de la cual no queda nada salvo el yacimiento de sa Caleta y poco más.

¿Cuánto hay de realidad y de ficción en la historia de Almícar?
Los personajes son ficticios y la historia es una trama novelesca pero el trasfondo es histórico. Llevo muchos años documentándome y mi intención ha sido ser lo más riguroso posible al momento: alimentos, construcción de barcos, navegación…
La idea es que el personaje sale de la ciudad de Tiro, en Líbano, y, a través de este periplo que hace durante toda su vida, se van conociendo puntos en los cuales se paraban los fenicios y en los que negociaban y se fundaban nuevas colonias. Incluso se atreven a salir al Atlántico, a Canarias, al norte, incluso hasta Inglaterra, esta parte desconocida.

Hoy encuentras muchísima novela histórica ambientada en la época romana, en la Edad Media o en la época napoleónica pero no hay novela histórica de los fenicios porque es complicado buscar la información. La novela también ha interesado en Canarias, donde la presentaremos, concretamente en Lanzarote y también hay interés en el Museo Subacuático de Cartagena porque el libro aborda el tema de los dos pecios de Mazarrón del siglo 7 antes de Cristo. En Cádiz y Mallorca también hay interés. El editor Ramón Mayol, de Melqart Ediciones, la ha editado en castellano para salir de la isla, lógicamente, y, además, con esta novela abre un sello de novela histórica dentro de la editorial.
¿Qué cree que puede sorprender a un lector que lea su novela sobre el mundo fenicio? ¿Algo que tal vez le haya sorprendido a usted mismo en sus investigaciones?
Una de las que me sigue sorprendiendo es la navegación. He estado varias veces en el Museo Arqueológico Subacuático de Cartagena y hay que imaginarse a estos fenicios en un barco de 8 ó 12 metros de eslora, cruzando el Mediterráneo saliendo de Tiro, en Líbano, e incluso saliendo al Atlántico cruzando el Estrecho y llegando a Canarias, por decir un ejemplo. Un barco con tripulaciones de 30 personas, cabras en cubierta y víveres para un montón de tiempo… Inicialmente se creía que los fenicios sólo iban de cabotaje y solo navegaban de día, pero realmente se ha descubierto que es imposible. Es difícil imaginar esos barcos con todo lo que llevaban, con dos toneladas de plata o de metales que traían desde Cádiz para llevarlos a Egipto…

¿Cómo construyó a Amílcar? ¿Cómo desarrolló su psicología?
Recuerdo que hablaba con mi amigo, el escritor Javier Serapio, sobre esto y él me decía: «Tú eres un poco Amílcar». Llevo más de 20 años viajando mucho y, de alguna manera, siempre queda algo del autor en cada personaje que crea. No es que Amílcar tenga que ver conmigo directamente, pero sí hay elementos que conectan con mi propia experiencia. Por ejemplo, hay una parte importante en la historia donde un abuelo transmite relatos al protagonista. Ese acto de contar historias es algo que se está perdiendo hoy en día… Además, en el viaje de Amílcar aparecen varias mujeres con personalidades muy marcadas, pertenecientes a diferentes momentos de su vida y a distintas culturas.
Otro elemento que incorporé es el de la cerámica. Todos hemos visto cómo se trabaja el barro. Yo crecí cerca de Daifa y he observado cómo, a pesar de los avances tecnológicos, la técnica de la cerámica ha cambiado muy poco en miles de años.
Amílcar es, en definitiva, alguien que, por circunstancias, se ve empujado al mar. Es un reflejo de cómo, en muchas épocas, la gente ha tenido que marcharse de su tierra y también de Ibiza.
Menciona la emigración. ¿Cree que hay un paralelismo entre los navegantes de la antigüedad y los movimientos migratorios actuales?
Mucha gente de aquí hizo lo mismo en el pasado. Muchos partieron en llaüt hacia Argelia y yo he vivido en Canarias donde cada día llegan pateras con cientos de personas. Un tema es la tragedia de esta gente, que se ve abocada a salir, y otra el negocio que hay detrás. Se ha convertido en una industria de tráfico humano, y lo más terrible es que no se están tomando soluciones. Hace poco se recordaban los 20 años desde la llegada de la primera patera a Fuerteventura. En ese momento, fueron apenas una decena de migrantes. Hoy, estamos hablando de cifras que superan los 40.000 en Canarias y están llegando a nuestro Mediterráneo en gran cantidad. Es un desastre y no se están poniendo soluciones políticas.

¿Qué expectativas tiene sobre la recepción del libro?
Mi expectativa principal, sinceramente, es que se divulgue la historia fenicia de Ibiza. No es mi intención ahora hacer crítica a la evolución de Ibiza pero creo que todos los que hemos vivido un paraíso parecido al que descubrieron hace casi 3.000 años los fenicios, vemos que la evolución de la isla va a peor.
La expectativa principal sería esa: que a través de conocer más sobre nuestros orígenes, esto repercutiera en mimar más la evolución de la isla, si es que somos capaces de ello todavía. Quizá a través de este conocimiento de los orígenes se podría intentar ir mejorando la evolución de la isla. Si, además, se venden muchos libros, mucho mejor [ríe]. Una cosa va ligada a la otra.
Ha comentado que escribe desde hace años y tiene varias ideas en el cajón, ¿estamos ante la primera novela pero habrá más?
Sí, hay varios proyectos; bocetos que llevo años arrastrándolos, como digo yo, pero hasta que uno se sienta delante del portátil y lo plasma… me he dado cuenta de que necesitas tiempo y también estar establecido en un lugar. Tenía otras ideas pero hay gente que, tras leer la primera, me anima a continuar la línea de Ibiza, y lo cierto es que me gustaría y tengo material suficiente.
Y también espero que otras personas se animen a escribir novela histórica de Ibiza como ha hecho Toni Montserrat con Isla Negra o con este nuevo sello dedicado a este género que ha abierto Melqart. Creo que hay muchas ganas de que se hable de la Ibiza del pasado. Nos conocen en todo el mundo. Yo pronuncio la palabra Ibiza en el país más lejano que te imaginas y nos conocen, pero después en Ibiza parece que nos descuidamos.