«¿Te hacen una entrevista? ¿Para hacerte todavía más famoso?». El camarero de la cafetería cercana uno de los gimnasios Fraile donde trabaja Manolo Baquero le vacila después de finalizar la conversación con el que es, posiblemente, el entrenador más veterano y conocido de Ibiza. Manolo lleva desde los 23 años siendo monitor y entrenador y cumple 35 años en una profesión que, lejos de haberle quemado o hartado, le sigue apasionando. Se le conoce por ser no solo un gran profesional sino por su sentido del humor: no duda en vacilar a clientes y clientas del gimnasio con todo tipo de bromas que hacen más llevaderas las sentadillas y abdominales. Famosa es su expresión para referirse a la posición correcta para levantar peso muerto sin dañarse las lumbares: la sexy position, que no falta en ninguna clase de tonificación o fitness. En la entrevista nos cuenta de dónde viene y también recuerda su mítico paso por el programa de citas en televisión First Dates. «Hoy por hoy no habría ido», confiesa.
Llegó a Ibiza desde su Huelva natal cuando tenía solo cuatro años. El padre se abrió camino como albañil en la isla, donde se dedicó trabajar en la construcción de hoteles. Con 14 años se metió en el gimnasio para entrenar a pesar de que era un ‘tirillas’ y no ha vuelto a salir de él, salvo en la pandemia, en la que se buscó la vida y descubrió que le encantaba dar clases al aire libre. A sus 57 años no piensa en retirarse y asegura que se siente «muy bien y con mucha energía». Duerme cinco horas, el día de la entrevista se ha levantado a las 5:30, ha hecho entrenamiento a las 6:00 a.m y luego ha dado clases personalizadas, luego otras dos en el gimnasio y por la tarde más clases y entrenos. Lo único que le baja la moral es ver una clase medio vacía… aunque es raro que le suceda.
¿Cuándo supo que lo suyo era el gimnasio?
Empecé con 14 años en el gimnasio Fraile, que estaba entonces en la calle Al Sabini. El jefe, Vicente Segovia, convirtió un apartamento en un gimnasio para entrenar él con los amigos. Mi padre conocía a Vicente y un día le dijo que invitaba a mi hermano mayor al gimnasio. Cuando vi que iba para allá le dije que iba con él… pero yo era muy pequeñito, tenía 14 pero parecía que tenía once, así que a mi hermano lo cogió pero a mí no. Me fui llorando pero Vicente salió detrás de mí y me dijo que me dejaba ir dos días a la semana. Lo que pasó fue que a mí me gustó mucho y seguí y mi hermano se fue a los tres días.
¿Y ahí empezó todo?
Así es. Yo era cliente de Fraile e iba a entrenar cinco días a la semana, estaba fuertecito. A los 23, estaba entrenando un día y una monitora de sala discutió con el jefe y se fue. Era la hora de la comida y necesitaban alguien en la recepción. Vi tan mal y nervioso a mi jefe que le dije, vete a comer y te vigilo el gimnasio. Al regresar de comer me ofreció trabajar cuatro horas por la mañana en la sala de máquinas. Y ahí empecé, como monitor de sala. Sabía mucho pero a partir de ahí ya fui sacando cursos de spinning, body pump, masaje, todos los títulos…

¿Dejó su trabajo por el gimnasio?
Yo trabajaba de noche, en un bar musical, el Apolo, del que tenía un 20% de la propiedad. Estaba donde está La Kokotxa. Durante cinco o seis años compaginé eso con el gimnasio pero me gustó más el gimnasio que la noche. Así que… hasta hoy que tengo 57.
¿Es el monitor en activo más veterano de Ibiza?
Yo creo que sí. Algunos se han retirado y otros siguen pero son algo más jóvenes como Sonia o Christian Navarro… pero yo creo que soy el mayor.
¿Y en todos estos años no se ha quemado, le sigue gustando su trabajo?
He calculado que en mi vida he dado unas 40.000 clases y no, no estoy quemado. Yo solo me quemo un poquito en las clases cuando hay poca gente. Si voy a una clase de spinning y hay 20 personas, me animo. Cuando hay tres o cuatro, me desanimo. En las clases necesitas gente… Pero, salvo por esos momentos, mi trabajo me encanta y me ha dado mucho fuera del gimnasio, me ha abierto puertas. Cuando salía con amigos, notaba que la gente me quería. Todo el mundo iba al Fraile cuando apenas había más gimnasios en Ibiza. Venían famosos, venía todo el mundo. De fiesta me invitaban, en los restaurantes me trataban genial. Yo les trataba muy bien y, cuando salía me notaba muy querido. Ahora ya es diferente porque ya hay mucho gimnasio… pero en mi época buena…
…todo el mundo le conocía.
Sí, incluso he participado como jurado en los concursos de Pachá como Mister y Miss Pachá… Era famosillo [ríe] . Ganaba dinero, me pude comprar un piso… Pero para mí Fraile es mi casa, es mi familia y mi jefe me ha ayudado mucho. He tenido peleas con él también en tantos años, pero es una pelea como la de un padre con su hijo. Igual llevo razón yo, pero a veces lleva razón él…
Aunque es evidente que está en forma, los años van pasando y es una profesión físicamente muy exigente. ¿Esta es una profesión en la que un entrenador se puede jubilar o se plantea retirarse antes?
En mi estado físico no me planteo retirarme. Hay gente que a los 42-45 se retiran o cambian de trabajo o se lo plantean. Yo todavía lo llevo bien: no tengo lesiones, soy flexible, elástico, corro, salto… Ahora, yo ya no entreno para estar cuadrado, yo entreno para estar en forma, para mantenimiento.


Además de las clases, hace entrenos particulares… ¿nos puede desvelar algún famoso al que haya dado clases?
Claro… pues a José Sócrates, presidente de Portugal; a Borja Thyssen y a su mujer Blanca Cuesta, a la modelo Celia Forner, a Nacho Duato… También he ido a casas particulares y hoteles como el Hacienda pero no puedo decir sus nombres. Clientes de alto standing. Y ahora me encargo únicamente de las clases colectivas y los entrenamientos personales en sala. No voy a las casas, ahora no tengo tiempo. Pensaba que a mi edad iba a hacer menos entrenamiento personal pero, no, tengo más trabajo que nunca.
¿Y por qué cree que es esto?
Igual porque me conocen. Tengo a gente de mi edad a la que entreno, gente estable que creo que se siente cómoda porque les doy seguridad y me conocen de toda la vida. Tengo un cliente en Sant Antoni, alemán, con el que llevo 30 años y tenemos una relación muy buena. Me ayudó económicamente en el confinamiento….

¿Ha cambiado tanto como parece el ambiente de los gimnasios?
Muchísimo. Cuando empecé si llegabas a contar cinco chicas en la sala ya era mucho. Ahora casi te puedo asegurar que hay más chicas que chicos en máquinas. Otro cambio es que la gente joven empieza con 14 años. Eso antes no se veía. Buscan los programas de musculación en el móvil y, a las dos o tres semanas, se están apañando solos totalmente. No te preguntan nada, tienen como vergüenza de preguntarte. La gente me quiere tanto porque yo ayudaba mucho en la sala y hablábamos mucho. Ahora es diferente: hay personas que pagan clases dirigidas un tiempo y luego ya siguen solos y otros que se apañan directamente con el móvil.
¿Es por el impacto de las redes sociales?
Sí, sí. Si entras al gimnasio, el 80 % de las chicas está haciendo pierna-glúteo y los chicos el tronco superior. Y es por las redes sociales, es la moda.
¿Qué le gusta más, el ambiente de las clases con mayoría de señoras o el ambiente de la chavalada de la sala?
Las señoras, las señoras… Hay mujeres que hoy en día están dando la clase conmigo desde hace más de 20 años. Y, en mi tiempo de entrenamiento, he entrenado a la abuela, a la madre y a la nieta: tres generaciones.
¿Y qué es lo mejor de su trabajo? ¿Y lo peor?
Lo peor, el turno partido. Hoy he hecho el primer entrenamiento a las 6:30 a.m. Y luego el último entrenamiento es a las 10:30 p.m. Y lo mejor, que me encanta mi trabajo. Lo vivo. Me gusta la gente, siempre estoy con tonterías, digo payasadas, me río… Yo no sabría estar en un trabajo encerrado en una oficina.
Una de sus expresiones míticas es ‘Sexy position’ para referirse a la posición adecuada para hacer pesos muertos o levantar peso en general.
Pues tiene una historia: a los 24 o 25 años, vino una inglesa a Fraile que quería un entrenador. La trajeron en coche con chófer y llevaba anillos de oro en todos los dedos. Yo tenía que explicarle que tenía que inclinar la espalda 45 grados, hombros atrás, sacar pecho… pero yo no sabía decir nada de esto en inglés por entonces. Así que le dije: mírame, mírame mientras hacía la postura y ella me dijo: ah, you want me to do the sexy position es decir, quieres que haga la posición sexy. Y eso me ha valido para siempre. A mí me gusta vacilar y picar a la gente… nos reímos.
¿Y son más constantes las mujeres que los hombres… o no?
Para clases colectivas, las mujeres sin duda y en las máquinas… pues los hombres. Pero tengo dudas porque ahora creo que hay más chicas. Vas un domingo y hay más chicas haciendo glúteo. Estos años ha sido un bombazo lo de los chavales jóvenes en las salas, nos ha inundado. Hoy en los gimnasios entrena la mujer mayor, el hombre mayor, la que tiene que hacer recuperación por alguna enfermedad o lesión y el chavalito… Es un deporte que atrae todo el mundo, abarca mucho abanico.
El ambiente del gimnasio también tiene su cara ‘b’ ¿Hay una parte oscura ahí también?
Han entrado chicos jóvenes que van a tener problemas porque se fían mucho de las redes, quieren tener el pecho o los abdominales de una determinada manera y algunos están buscando medicamentos para entrenar. Y hay que saber lo que haces porque, si mezclas o usas lo que no tienes que usar, repercute en el pelo, en el pene y en muchas cosas. Creo que la gente empieza antes y no se acuerda del riesgo de la enfermedad. Vivimos en un lugar, además, en el que el cuerpo se exhibe mucho por la playa… en los sitios donde hay playa hay mucha escultura del cuerpo. El otro día vi un chaval que me dijo que estaba tomando de todo y que no engordaba y estaba preocupado… Y no solo los tíos sino las chavalas, que también se meten cosas para definir abdominales, estar secas… [muestra en el móvil varios ejemplos de fotos de mujeres muy musculadas y definidas] Hay mujeres que trabajan en locales muy conocidos, bailarinas por ejemplo, que van buscando cosas para estar mejor.
Pero volviendo un poco a la normalidad, para una persona que quiera estar bien y sin riesgos…
Buena alimentación, aminoácidos, creatina, proteína, algún complejo vitamínico y ya…
¿Y hay diferencia entre entrenar a un turista en verano y a un residente en invierno?
Sí, la diferencia es que el turista viene cuatro días. Lo que hago es variarle por completo los ejercicios; se lo cambio todo como para mostrarle que soy bueno [ríe] y los residentes tienen programas más estables.
¿Se ha encontrado con gente que va a entrenar directamente de fiesta?
Sí, sí. Recuerdo un día a las ocho de la mañana en una clase de spinning. Entró un chaval en el gimnasio de la calle Aragón y la música era buena. El tío venía con sustancias, se subió a la bicicleta y empezó a bailar como si estuviese en una discoteca. Era tanto, tanto, tanto que le tuve que decir que parase porque me daba miedo que le diera un yuyu. Era buen tío, no se metió con nadie, lo tuve que echar por seguridad.
¿Y anécdotas? Serán muchísimas.
Un día, a primera hora de la mañana, tendría yo 24 años, entré a limpiar el filtro de una sauna que estaba dentro del vestuario de mujeres. Era sábado, el gimnasio acababa de abrir y a esa hora no esperaba que hubiese nadie duchándose porque era la hora de entrada. El caso es que me giro y me encuentro a una señora mayor completamente desnuda que me dice: tú lo que necesitas es un polvo. Me fui corriendo. Y lo cierto es que alguna vez más se me han insinuado.
En el gimnasio también hay mucha testosterona, ¿se ha encontrado en alguna situación de agresión o de mediar en una pelea?
Sí, me ha pasado tener pelearme con el típico chulo que está haciendo un circuito de máquinas y llega a una ocupada por un chavalito joven o gente delgadita y le dice que se tiene que levantar, que se tiene que ir. Si no te das cuenta, el chavalito igual se levanta y se va. Hay mucha testosterona, pero también hay gente maleducada, mala. Alguna vez ha tocado mediar en alguna pelea.

¿Y no hay problemas con tanta gente grabándose para las redes sociales en mitad de la sala? Hay mucha gente que sale grabada sin saberlo y acaba en redes sociales…
A veces sí. Hace poco tres chavalitas estaban grabándose el ejercicio suyo de espalda y, al lado, un chaval haciendo bíceps que pegaba saltitos para hacer el ejercicio. No lo estaba haciendo bien. Él pensaba que le grababan a él pero ellas se estaban grabando a ellas mismas… En fin, que el chico se molestó y les dijo que fuera la última vez que le grababan.
¿Cómo cree que van a evolucionar los gimnasios?
Creo que la gente irá a hacer musculación y pesas y que las clases en un futuro desaparecerán.
Antes mencionó el tema del confinamiento por la pandemia. Su sector lo sufrió mucho ¿Cómo lo vivió usted?
Al principio, acojonado, pero después, en cuanto nos dejaron salir, comencé a dar clases en el paseo marítimo y cobraba cinco euros por persona. Daba dos clases por la mañana y tres o cuatro por la tarde y me encantó la experiencia de entrenar al aire libre. La parte dura del confinamiento la pasé peor, pero hice vídeos desde casa que enviaba a un grupo de 90 personas del gimnasio: hacía clases con botellas de suavizante, con garrafas de agua, con el palo de fregona… me inventaba cosas. Llegó a pasarme que gente que había estado en el grupo de las clases me veía luego por la calle, cuando acabó el confinamiento, y me daba 40 o 50 euros por las clases, como recompensa.
Y en los gimnasios ¿tienen también el problema de contratación de profesionales que afecta a toda la isla?
Están buscando monitores de spinning, de pilates… y de momento no encontramos nada. Pero el problema es el precio de las habitaciones. No tienen dónde vivir. Antes les interesaba venir, aunque fuese solo en temporada, pero ahora una habitación cuesta 1.200 euros al mes. ¡Una habitación! Es brutal. La gente se va a tener que ir Ibiza y eso me da miedo. Se va a ir mucha gente, se va a ir a pique.
¿Qué cree que tiene que tener un monitor, un entrenador, para ser bueno y tener una carrera tan larga como la suya?
Para mí, lo importante es labia. Tiene que tener labia y, si uno se equivoca, saber salir, tener ideas para no quedarse clavado: sigue, sigue, inventa lo que quieras, lucha y para adelante. Tienes que transmitir seguridad y alegría. Hay monitores que se duermen en la sala, chaval. ¡Hay que meter energía! Yo tengo interés, estoy preocupado por lo que pasa en la clase…

No podemos dejar la entrevista sin preguntarle por su mítico paso por First Dates…
[Se lo piensa] Pues estaba en la plaza del Parque con una pareja de amigos de Ibiza, yo ya separado, y, cuando salgo del baño, me encuentro a ella con mi teléfono en la mano y me dice que me está apuntando a First Dates. Yo le dije que no me iban a llamar nunca y que hiciera lo que quisiera. Seis meses después tenía una llamada de la productora que me invitaba a ir al programa. Se lo consulté a mi hijo, que me dijo que no fuera, pero al cabo de unos días me dijo que sí. Yo, por un lado, quería ver por dentro cómo funcionaba la televisión. Me daba curiosidad y fui. El programa se grabó a las 11 de la mañana así que cené a las 11 con la chica de la cita en el plató, que parece un restaurante pero es un plató… Yo iba a divertirme pero no a ligar, no me hacía falta ir al programa. Pero es verdad que cuando volví a Ibiza, aunque parezca una tontería, la gente me reconocía por la calle y las clases de spinning se me llenaban. Luego se pasó… pero fue como ser un poco famoso [ríe].
¿Y cómo lo ve en la distancia?
Ahora no iría. Veo el programa raro. Cuando fui sí era de gente buscando pareja de verdad, ahora no.
¿Y cómo fue la cita?
La chica muy simpática, mucho, la verdad. Igual ella se pensaba que le iba a decir que sí [a una segunda cita], pero yo por dentro sabía que no le iba a decir que sí porque no iba buscando novia y no quería que cuando llegase a Ibiza todo el mundo supiese que tengo novia sin tener novia. Y se enfadó un poquito. Pero luego, a la salida, nos vimos y nos fuimos a tomar un bocadillo calamares.
¿Qué nombres le vienen a la cabeza cuando tiene que dar las gracias?
Mi jefe, que es como si fuera mi padre, Vicente Segovia. He tenido riñas fuertes, pero al final lo considero como un papá. Papá, te quiero [lo dice acercándose al micrófono de la grabadora] Y a Alda, mi pareja. Estoy estable, feliz, ya he frenado… Esto lo pones a tu manera…
